Erich Fromm: respetar es no explotar

agosto 2, 2011

                

“La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia; denota, de acuerdo con la raíz de la palabra (respicere=mirar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal cual como es. De ese modo, el respeto implica la ausencia de explotación. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es ovbio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, si  tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: “l’amour est l’enfant de la liberté”, dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.”

                                                             Erich Fromm, El arte de amar

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Devorar la tierra

mayo 10, 2009

Narrado por Paul Mcartney, ex guitarrista de los Beatles, este vídeo constituye una excelente síntesis de la devastación ecológica que resulta de nuestros hábitos alimenticios. 

La extinción de los bosques y de todas las especies que allí habitan, la emisión de toneladas de CO2 a la atmósfera, la inutilización de los suelos fértiles y la mala administración alimenticia son tan sólo unos cuantos ejemplos de la destrucción que estamos causando por nuestra testarudez, por no querer rehusar a los cinco minutos de placer que experimentamos al comer un bistec o una tajada de queso.


Mi respuesta al filósofo Víctor H. Palacios Cruz

enero 20, 2009

Un profesor de filosofía llamado Víctor H. Palacios Cruz, de la universidad de Piura, Perú, escribió hace algún tiempo, en un suplemento del diario El Tiempo, una crítica del veganismo. Si desea leer la crítica completa pinche aquí.

Los argumentos presentados en el artículo son usados muy frecuentemente por los detractores del veganismo, ya sea para justificar su estilo de vida o para alejar más gente de nuestro movimiento. Por ello, me ha parecido importante dar mi respuesta a los planteamientos del profesor Víctor.

Dicen así:

1. “Un lema usual en los activistas veganos es: “¿Te comerías algo que tiene rostro?” Propaganda falaz, pues los animales no tienen rostro sino cara. La posición bípeda del hombre lo separa de la condición del cuadrúpedo, para quien las extremidades delanteras son elementos de apoyo y la cabeza se ajusta a la necesidad de exploración material. La mano humana queda libre de la función de soporte; por ello se estiliza y vuelve apta para el gesto, la caricia y la manipulación. El instrumento de los instrumentos da lugar a la técnica, y así libra a la cara de la presión de hurgar. Ésta se retrae, abandona la forma de hocico y se equilibra, deviniendo medio expresivo e individualizado. El rostro es la síntesis de la personalidad. Sólo los humanos poseen retrato.”

Algunos activistas usan ese lema para, sencillamente, hacer cumplir el objetivo de la propaganda: lograr que el receptor se adhiera a la ideología propia apelando a los sentimientos.

No somos veganos por creer que los animales tienen rostro, sino porque pueden sentir dolor y placer. De este modo, el primer argumento me parece inadecuado, pues, en vez de enfocarse en el veganismo mismo, lo hace en una técnica propagandística de éste.

2. “El hombre no es una especie animal más. Teniendo animalidad, escapa a ella a la vez. Es un ser que mastica, gruñe y excreta; también un ser que piensa, ama y crea. Su índole fluctúa entre lo terrestre y lo celeste. Si la crueldad humana espanta es porque, como reza el adagio latino, “corruptio optimi pessima”. Sólo entre humanos hay villanos y héroes, sátrapas y santos. Es el precio de la libertad, la imprevisibilidad de una existencia no prescrita por su dotación filogenética, sino capaz de inventarse a sí misma y trazar un curso irrepetible. Sólo los humanos poseen biografía.”

Me parece que el autor de este argumento debería tomar unas clases de biología. Ser animal no tiene nada que ver con pensar, amar o crear. Existen criterios biológicos que nos permiten clasificar al ser humano como un primate del reino animal.

Que seamos seres libres no significa que tengamos la necesidad de ser crueles, sino precisamente lo contrario. Podemos elegir qué decisiones tomar a fin de lograr una vida ética y bondadosa. Una de ellas implica elegir qué alimentos comprar, con qué ropa vestirnos o a qué espectáculos asistir.

3. “Si los hombres fueran animales, no tendría sentido defender una causa natural, porque ninguna especie viva lo hace. Si los animales fueran humanos –ya que se afirma que son libres–, habría que sancionarlos severamente pues la totalidad de ellos se sustenta a costa de otras vidas. Si no, ¿qué hace superior a un pájaro del gusano que engulle y al pez grande del chico al que devora? ¿Por qué acusar al homo sapiens y no al depredador del bosque? No nos daríamos abasto para reprender a las impulsivas bestias. Sólo los humanos merecen castigo o alabanza por sus actos.”

Aquí nuevamente se ignora en qué consiste realmente ser un animal, y no creo que sea necesario ahondar más sobre el tema.

A los animales no hay que sancionarlos porque no poseen la capacidad de lograr juicios éticos. Del mismo modo, no sería justo castigar a alguien con problemas mentales, pues no comprende lo que hace. (1) Es importante también recalcar que las sanciones existen para evitar que los malos actos se repitan, y en los animales irracionales no podemos encontrar este efecto moderador. Además, es imprescindible considerar que el depredador del bosque, al contrario de nosotros, necesita matar para sobrevivir.

4. “El hombre mata como no lo hace alimaña alguna. Es decir, con ensañamiento y sevicia. De acuerdo. Aunque la posibilidad de que incurra en esta perversión es la misma que permite lo opuesto: el sacrificio y la virtud. Se cuenta que el pelícano rasga su propio buche para dar de comer a sus crías en casos excepcionales; pero sería incapaz de inmolarse por polluelos ajenos y mucho menos por seres de otra especie. El hombre es el único viviente que mata por placer, al mismo tiempo que es el único que salva sin necesidad.”

Afortunadamente, existe una posibilidad mejor que ser una especie a veces cruel y a veces bondadosa: podemos lograr ser siempre bondadosos y nunca crueles. Y ésto jamás lo lograremos si seguimos asesinando y maltratando a los demás animales. Que alguien trabaje salvando vidas no le da derecho a quitarlas luego.

5. “Ningún organismo crece sin destruir. Es parte de la naturaleza. La digestión animal por medios inocuos es una invención humana. Por ejemplo, la fabricación de alimentos para mascotas. Los animales atacan para subsistir. El hombre también. Condenar la matanza de un viviente por razones alimenticias llevaría a condenarla igualmente por razones de sobrevivencia. El zancudo quiere vivir y tiene alas para descubrir nuevos mundos. ¿Por qué tendríamos que aplastarlo cada vez que nos hiere?, se diría.”

Aquí se hace uso de la falacia naturalista. Que algo sea natural no hace que sea bueno, pues, de lo contrario, deberíamos aceptar como correctas muchas cosas que actualmente prohibimos, bajo el pretexto de que son naturales. La moral, en esencia, supone una ruptura del orden natural de las cosas.

No es necesario consumir productos de origen animal para sobrevivir. La opinión de la ciencia y la observación de las personas veganas avalan esta afirmación.

6. “No somos espíritus puros para desprendernos de la constricción corporal y eludir una manutención exenta de perjuicio. Somos de barro, y parte de esta condición es el dolor, la vejez y la muerte. Procurar una vida eximida de “culpa” biológica llevaría al suicidio. Los veganos sienten repugnancia por la misma naturaleza a la que dicen amar.”

Es imposible vivir la vida sin causar algún daño; todos nosotros nos hemos parado accidentalmente sobre hormigas o hemos aspirado mosquitos, pero eso no quiere decir que debamos causar intencionalmente un daño innecesario. Sólo porque usted podría golpear a alguien accidentalmente con su auto no es razón para atropellar a alguien a propósito.

7. “El animal no quiere morir –se dice–, pues posee percepción y sentimientos, y sufre como nosotros. Aparte de que el humano no tiene únicamente sentidos y emociones, sino asimismo inteligencia y amor (que no son continuaciones de las cualidades animales), hay niveles de percepción tan rudimentaria en el mundo animal que colindan con niveles altos de receptividad en el mundo vegetal, y que impiden un discernimiento tajante entre lo vegetal y lo animal. Diluir la diferencia entre lo animal y lo humano llevaría, bajo la misma lógica, a la anulación de la distancia que separa a un asno de un repollo. Con lo cual, seccionar una lechuga sobre la mesa sería tan homicida como cercenar el cuello de un faisán. En los pantanos del Estado de Carolina (EE.UU.) crece un vegetal asombroso, el atrapamoscas de Venus, muy sensible al contacto físico y capaz de atrapar insectos. Sus hojas poseen una bisagra en la costilla media y un aroma que los atrae. La presencia de un insecto, captada por los pelos receptores de ésta, activa su cierre. Cuando los bordes se unen, los pelos se entrelazan para impedir que escape la presa. Luego, la planta secreta enzimas que dan muerte y digieren al bicho.”

En este argumento se expone la verdadera razón por la que debemos respetar a los demás animales: sienten al igual que nosotros. Sin embargo, se puede advertir más adelante, que realmente el profesor Víctor necesita unas clases de biología. No sólo afirma que los vegetales sienten, ¡sino que sienten más que nosotros los animales! (2)

Quizá el profesor Víctor se olvida de que sensibilidad no es lo mismo que sintiencia. El atrapamoscas de Venus puede, como es normal en la vida, responder a estímulos, pero no lo hace por medio de un sistema nervioso. De modo que no siente, sino que posee reacciones mecánicas, como cuando una computadora rechaza un virus informático. Y claro está que no tratamos a nuestra computadora como un paciente moral.

8. “El veganismo es parte de los variopintos movimientos que hacen de la denuncia de la industrialización y aun de la misma civilización, una militancia contracultural. Como en el ecologismo radical, se ve al humano como verdugo de una naturaleza santa e indefensa. Imagen ingenua que ve en las fuerzas salvajes las tiernas sonrisas de los dibujos de Walt Disney. Estas corrientes anti-sistema nacen, además, en sociedades del Primer Mundo donde, como se sabe, es más punible cazar a un conejo que triturar a un feto humano.”

No existe una relación necesaria entre veganismo y contracultura o anti-industrialización. Muchos veganos no forman parte de estas tendencias, y quien desee, puede mantener la misma posición de ellos.

Muchos veganos tampoco comparten la visión ingenua que se menciona. La naturaleza es cruel, pero podemos hacer un esfuerzo por minimizar el sufrimiento que existe en nuestro.

9. “Nuestra categoría de entes fronterizos –decía el humanista Pico de la Mirándola: puentes entre la eternidad estable y el tiempo fluyente, voceros de todas las criaturas– es un buen argumento para evitar la tentación de disolvernos en la pura materialidad de la que emergemos misteriosamente; como también para retener cualquier levitación que nos eleve a un estrato angelical que tampoco nos pertenece. Sin olvidar la innegable vocación de infinitud que anida en todo corazón humano.”

Ser vegano no significa elevarse a un estrato angelical, sino simplemente dejar de lastimar a otros por nuestros caprichos que, como tales, pueden evitarse. ¿Por qué tendría que estar levitando quien dejara de agredir a otra persona?

10. “Por último, ¿no resulta injurioso decir que la práctica vegana contribuiría a paliar el hambre del mundo? Amonestar a un etíope por cocinar una flaca gallina a falta de buenas cosechas, ¿no parece más bien el desdeñoso remilgo de una sociedad opulenta e indolente?”

Ningún etíope tendría la necesidad de cocinar una flaca gallina si en los países desarrollados fuésemos veganos, pues tendríamos un excedente tal que nos sería posible, con un poco de buena voluntad, ayudar a otras personas. Se calcula que mientras sigamos criando animales, jamás habrá en el mundo la cantidad suficiente de alimento para acabar con el hambre.

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1. De hecho, la justicia penal no considera culpables a los asesinos con algunos problemas psiquiátricos.

2. Quizá esté de más decir que no existe evidencia biológica para afirmar que los vegetales sienten, pues la capacidad de experimentar sensaciones se debe a la existencia de un sistema nervioso (que en algunos animales es más rudimentario que en otros), y los miembros del reino vegetal no lo poseen.


Prohibido y permitido matar: una inconsistencia en nuestras leyes y en nuestra forma de pensar

enero 12, 2009

Sin duda, vivimos en una sociedad profundamente especista, que menosprecia los intereses de aquellos que han tenido la mala suerte de no nacer humanos. Sin embargo, nuestra insensibilidad no es total. Una cierta empatía nos hace despreciar el sufrimiento y la tortura animales, y nos ha llevado a redactar en nuestras leyes, algunas pobres líneas que condenan el maltrato animal. “El que cometiere actos de maltrato o crueldad con animales, será castigado […]”, establece el código penal chileno. De manera similar, en muchos países del mundo, quien asesina a un animal sin ningún “motivo válido” acaba tras las rejas.

Hace un tiempo, circulaba por internet un vídeo que mostraba un acto brutal: un adolescente lanzaba un gato por los aires y luego lo pateaba hasta darle muerte, todo sin una pizca de remordimiento (1). La justicia presentó cargos contra el agresor, y éste llegó a arriesgar una pena de cárcel.

Me gustaría que nos detengamos un momento en este caso. ¿Por qué el joven realizó el crimen? ¿Hubo alguna razón de fuerza mayor que le impulsó a hacerlo? No. Simplemente lo hizo porque quiso, porque se le dio la gana. Dicho en palabras más precisas, lo hizo por placer. Por lo tanto, queda claro que la justicia considera un crimen asesinar y/o maltratar animales sólo por placer.

Sin embargo, todos sabemos que no existe ningún artículo en ninguna parte del planeta que condene matar animales para comer. Lo que, al ser tan aparentemente lógico y natural, pasa completamente desapercibido, al igual que las leyes sobre los esclavos en la antiguedad. No obstante, yo creo que si dejamos que nuestro pensamiento se escape por unos momentos de la celda de nuestros prejuicios, podremos notar una grave contradicción en el código penal de todos los países de la tierra.

“Es que matar para comer está justificado”, pensarán algunos. Muchos creen que es así porque se mata para alimentarse, y no por mero gusto. Este argumento, aparte de ser una falacia (2), se ve completamente contradecido, pues si fuera correcto, sería aceptable el canibalismo.

Otros podrían argüir que matar animales para comer es aceptable porque necesitamos la carne para vivir, porque sin ella tendríamos ciertas carencias alimenticias que afectarían nuestra salud. Bueno, esta argumentación es completamente lógica y yo, o cualquier otro vegano, aceptaría que aquella es una buena razón para matar con fines alimenticios.

Sin embargo, tal razonamiento esconde una premisa falsa. No necesitamos, en absoluto, los productos de origen animal para sobrevivir, ni para mantenernos saludables. Dos grandes organizaciones nutricionales, la Asociación Dietética Americana y la Asociación de Dietistas de Canadá han declarado que las dietas vegetarianas (incluyendo la vegana) bien planificadas son apropiadas y saludables para todas las etapas del ciclo vital (incluyendo embarazo, lactancia, niñez, adultez y vejez) (3). Además, si fuera cierto que necesitamos los productos de origen animal para nuestro organismo, observaríamos que la gente vegana estaría muerta o al menos con mala salud. No obstante, parece ser al revés.

Entonces, ¿Qué razones tenemos para matar animales con fines alimenticios? ¿Por qué seguimos comiendo carnes y bebiendo leche si sabemos que no necesitamos estos productos en absoluto? La respuesta es: por sabor, por agradar a nuestro paladar. Vale decir, por placer.

Llegando a este punto, no es difícil notar la contradicción. La ley prohíbe matar animales por placer en algunos casos, pero en otros lo permite. Nunca se ha encarcelado a nadie por matar un animal por el placer del sabor. Tampoco por los maltratos terribles que se ocultan tras las paredes de un matadero y de las industrias lechera y avícola.

¿Por qué el código penal de muchísimos países del mundo presenta esta inconsistencia? La respuesta es clara: la soberanía le pertenece al pueblo. Si algún legislador se atreviese a penalizar todos los asesinatos por placer, todos los omnívoros del mundo se le vendrían encima, pues todos se benefician de que se permitan tales inmoralidades.

No pretendo decir que deberían castigarse tales actos que, en mi opinión, son enormemente terribles. Al menos por ahora. Creo en la soberanía popular. Lo contrario sería una dictadura. Pero lo que sí pienso es que en un futuro cuya lejanía depende de nosotros deberían estar penalizados estos actos. ¿Cuando? Cuando algún día dejemos voluntariamente de alimentarnos a costa de la vida de otros. Cuando quienes deseamos un mundo más justo y feliz seamos mayoría y tengamos la soberanía. (4)

Para ello, vale la pena repetirlo, necesitamos formar un desierto a partir de granitos de arena. Éstos, los pone cada uno de nosotros. De todo corazón, te animo a tomar la decisión y hacerte vegano(a). (5)

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1. Chilevisión hizo un reportaje sobre este incidente. Pueden verlo haciendo click aquí.

2. Es falaz afirmar “Matar para comer es bueno porque es para comer”, pues en realidad no se ha presentado ninguna razón de por qué es bueno. Es equivalente a decir “Matar negros es bueno porque son negros”.

3. Pueden leer el informe de ambas asociaciones haciendo click aquí.

4. Que algún día la mayoría de personas será vegana no es un hecho, una profecía ni un destino. Esto no es una religión. Sólo se trata de un sueño que es posible materializar en algún momento del futuro: tampoco es una utopía.

5. La meta no está solamente en el futuro; basta pensar cuántas vidas reales se salvan al cortar la demanda de una persona más en el mundo. Actualmente, en Chile, el consumo anual de carnes está por sobre los 76 kilos por habitante. Y continúa en aumento.


Una existencia ordinaria

enero 3, 2009

Desde tiempos remotos y hasta ahora último, hemos tendido a pensar que vivimos en un sitio privilegiado del universo. Veamos qué nos dice la ciencia actualmente; les dejo al astrofísico John Gribbin.


¿Un universo favorable?

enero 1, 2009

Algunas personas creen que la existencia de vida en la actualidad se debe a que la tierra se encuentra a una distancia favorable respecto al sol. Sin embargo, esta imagen de un universo amable para con la vida no es cierta. Los dejo con una breve explicación de esto en manos del químico ambiental James Lovelock.


La dieta omnívora: un sabor amargo

diciembre 22, 2008

Dejo aquí un vídeo bastante bueno, les recomiendo que lo vean. Recuerden que optando por una dieta vegana conseguiremos una vida más saludable, un mundo más justo y amable, y un ecosistema menos dañado. Lo único que se debe hacer es querer cambiar nuestro estilo de vida, y todo se vendrá facilito 🙂