¿Justifica la racionalidad la discriminación hacia los animales?

marzo 21, 2009

Uno de los argumentos que más oímos los defensores de los derechos de los animales es el de la racionalidad, la capacidad de discurrir o pensar. Quienes sostienen que los seres humanos tenemos derecho a hacer sufrir o matar innecesariamente a los animales a fin de obtener productos de ellos –una postura inconsistente, ya que ellos mismos condenan el llamado maltrato animal por razones triviales, pero no advierten que comemos carne sólo por su sabor— argumentan que los intereses de los demás animales pueden ser pasados a llevar porque ellos no son seres racionales. Nosotros, en cambio, tenemos inteligencia, y por lo tanto, podemos pasarlos a llevar cuando lo deseemos.

¿Es válido tal argumento? ¿Justifica el matar o explotar a los animales no-humanos para alimentarnos con sus cuerpos o demás productos? Dividamos la argumentación en dos etapas. La primera consiste en preguntarnos, ¿por qué habría de justificarlo? No veo qué razón puede haber para hacerlo. Una discriminación legítima, no arbitraria, debe estar argumentada en relación al aspecto a excluir. Si los hombres no tienen derecho a abortar –en los países en que es legal hacerlo— es porque no tienen la capacidad física de hacerlo. Asimismo, quienes no poseen licencia de conducir no tienen derecho a hacerlo debido a que pueden no saber manejar bien el automóvil y causar accidentes de tránsito. Ahora bien, ¿qué relación guarda el que los animales no tengan derecho a vivir o a no ser felices porque no pueden razonar? La capacidad de ser feliz se relaciona con un sistema nervioso, no con la razón. La discriminación es tan absurda como afirmar que las mujeres no deberían tener derecho a voto porque son más débiles físicamente que los hombres.

Es posible, sin embargo, llevar el asunto un poco más lejos y contra argumentar el artilugio de los especistas. En realidad, los demás animales no son máquinas que actúan sólo por instinto. Casi todos ellos son inteligentes, solo que considerablemente menos inteligentes que nosotros. No obstante, generalmente los animales tienen más habilidades intelectuales que algunos seres humanos, como los niños pequeños y ciertas personas con discapacidades mentales. La conclusión lógica es, por lo tanto, que si afirmamos que no debemos considerar los intereses de quienes sean considerablemente menos racionales o inteligentes que nosotros, deberíamos aceptar que se maten bebés y algunos humanos con problemas mentales (*)

Otro aspecto muy importante que nos lleva a descartar el argumento de la racionalidad –y que es del mismo tipo que el anterior- es el que veremos a continuación. Si aceptamos que la capacidad de pensar es una característica relevante moralmente, y por ello no consideramos a los animales no humanos como pacientes morales, seríamos incoherentes al otorgar los mismos derechos a todos los seres humanos. Una propuesta en armonía con el argumento de la racionalidad podría ser el dar menos consideración a los intereses de los individuos con coeficientes intelectuales inferiores a cien, por ejemplo. En una sociedad así, quizá quienes superaran la centena podrían tener de esclavos a los que no. Si combinamos el argumento de la racionalidad con las obvias diferencias intelectuales que existen entre los miembros de nuestra especie, obtendríamos resultados difíciles de aceptar.

Como hemos visto, no existe ninguna razón válida para discriminar en base a la racionalidad, y si decidimos hacerlo, tendremos que abandonar la idea de igualdad entre los seres humanos, pues no todos los seres humanos son igualmente racionales.

(*) Se podría objetar que la diferencia está en que los bebés son potenciales seres de elevada racionalidad, ya que luego crecerán y poseerán las mismas capacidades mentales de un adulto normal. En mi opinión, la potencialidad es una característica que no debe considerarse a la hora de tomar decisiones morales. No damos derecho a voto a jóvenes menores de dieciocho años pese a que son votantes en potencia. Este tema es un poco más extenso, pero podemos evitar inmiscuirnos en él imaginando que el niño, como a veces ocurre, nace con una lesión cerebral drástica e irreversible. De todas maneras, aún nos quedan los discapacitados mentales.


Relativismo, objetivismo y falacia de petición de principio

diciembre 11, 2007

Mente

Para demostrar la veracidad de una tesis se debe acudir a una argumentación. Si la argumentación es lógica, la tesis ha sido demostrada, y si, por el contrario, la argumentación contiene un error lógico (falacia), la tesis no ha sido demostrada.

En este artículo analizaremos la falacia de petición de principio, y la analizaremos conjuntamente con el relativismo y el objetivismo. Esta falacia consiste en intentar demostrar una tesis argumentando con la misma tesis a demostrar. Por ejemplo, imaginemos que ha ocurrido un asesinato y existen tres sospechosos asesinos: Pedro, Juan y Diego.

Detective 1: Pedro es el asesino. (Tesis a demostrar)
Detective 2: ¿Por qué?
Detective 1: Porque Juan y Diego son inocentes.
Detective 2: ¿Cómo sabes que son inocentes?
Detective 1: Porque Pedro es el asesino. (Tesis a demostrar)

El detective 2 podría volver a preguntarle por qué, de este modo la inválida argumentación se repetiría infinitas veces; es por esto que a este error se le conoce también con el nombre de falacia de círculo vicioso.

Ahora, analicemos esta falacia, primero con el relativismo. Algunos relativistas con los cuales he conversado intentan demostrar el relativismo argumentando con más relativismo. Cuando les he preguntado “¿por qué el relativismo es veradero?”, me han respondido “bueno, el relativismo es mi verdad, así como el objetivismo es tu verdad”. Como han caído en el error lógico que estamos analizando, podemos concluir que no demostraron el relativismo. La otra forma de intentar demostrarlo es utilizando una argumentación objetiva, pero de esta forma caeríamos inevitablemente en una contradicción.

Ahora, es inevitable que nos hagamos la gran y temida pregunta “¿también es falacia intentar demostrar el objetivismo mediante una argumentación objetiva?”

Es absolutamente necesario que demos respuesta a este dilema, pues, de lo contrario, el relativismo sería aceptable. Si el objetivismo no pudiera ser demostrado mediante una argumentación objetiva, deberíamos acudir a una argumentación subjetiva, pero de este modo también caeríamos en una contradicción, en la misma que caen los relativistas. De modo que pretendo demostrar a continuación que el objetivismo sí puede ser demostrado objetivamente sin caer en falacia.

Bueno, primero, reconozcamos cuál es la herramienta que usamos en el proceso de detección de falacias. La herramienta utilizada es la lógica. Ésta, como bien la define la Real Academia Española, es parte del conocimiento científico, conocimiento completamente objetivo. Por lo tanto, no puede utilizarse la lógica (objetiva) para negar la objetividad.

Pero puede que alguien se pregunte “pero… ¿por qué debo utilizar la lógica?” La verdad es que la lógica no puede ser refutada, debe utilizarse si es que se desea conocer. Como dijo el antiguo filósofo griego Epícteto:

“Dijo uno de los presentes:
– Convénceme de que la lógica es útil.
– ¿Quieres que te lo demuestre?
– Sí.
– Entonces… es necesario que recurra a una demostración.
Y al ver que el otro asentía le dijo:
– Si te engaño con sofismas ¿cómo harás, pues, para darte cuenta?
El otro guardó silencio.
– Ya ves como te das cuenta de que la lógica es necesaria y que, apartándote de ella ni siquiera puedes saber si es necesaria o no.”

Epícteto, Conversaciones , II, 25.

El acto de refutar es un acto racional, por lo tanto, sólo se puede intentar refutar a la lógica utilizando más lógica. En consecuencia, la lógica no puede ser refutada. Una vez comprendido que la lógica es objetiva e irrefutable, concluimos que el argumentar objetivo es irrefutable.


Crítica al Relativismo (Parte 2: Argumentos éticos)

noviembre 15, 2007

Me defino, por sobre todas las demás cosas, un tipo moralista. Lo que más me importa, mi mayor prioridad, es lograr una adecuada convivencia entre las personas (incluya el término personas a todo ser que posea intereses). Es por esto, que, como dije en la parte 1, lo que me llevó a criticar al relativismo es la ética, no el resto de áreas del saber, pues discutir sobre si existe o no dios, no es tan importante como discutir sobre si se debe asesinar o no. Pero como la afirmación “el hombre es la medida de todas las cosas” abarca, obviamente, a todas las cosas, incluída la ética, debí inmiscuirme en el área puramente teórica. Y una vez destruida el área teórica del relativismo (y aunque con eso basta), debemos enfatizar en la incapacidad práctica del mismo, de este modo los lectores, al visualizar la caótica sociedad relativista, creo que se sentirán impulsados a luchar contra ella. Entonces… ¡Bienvenidos, entrad al terrible mundo relativista!

Teóricamente inconsistente y prácticamente desastroso.

Según el relativismo, no existen el bien y el mal absolutos. Esto es, hasta cierto punto, cierto, si consideramos que una enfermedad es buena para el médico (obviamente, siempre y cuando no lo afecte a él), y mala para el enfermo que la padece junto con sus familiares. Tal planteamiento invita a preguntarnos: ¿Es ético que inyecte bacterias en alguien para proporcionarle un bien al médico que lo curará, o intentará curarlo? Si bien es cierto que realizar tal acto implicaría un bien para el uno y un mal para el otro, para resolver este dilema debemos acudir a la evaluación de intereses. Debemos preguntarnos ¿Qué interés es mayor? ¿El del médico por ganar dinero, o el del enfermo por vivir? En la mayoría de casos, el interés del enfermo opaca al interés del médico. Entonces, una vez identificado el interés mayor, podemos decir que el acto “malo” es el que no conduce a la satisfacción del mayor interés, y “bueno”, el acto que conduce a la satisfacción del mayor interés. Y ese cálculo se puede realizar con bastante objetividad.

Ahora, teniendo en cuenta que los relativistas pasan por encima de todas las verdades objetivas ¿Qué sucedería en una sociedad en la cual no existan criterios unificadores sobre lo bueno y lo malo? Significaría caos absoluto. Siendo consecuentes con el relativismo, toda ley que castigue a un malhechor debería ser suprimida, pues para cada malhechor su delito es para él mismo “bueno”. Entonces, el violador poseería absoluto derecho para violar cuantas veces quisiera, y lo mismo ocurriría con el asesino, el ladrón, el destructor del ecosistema, etcétera, etcétera, etcétera. Pero así como el violador poseería derecho para violar, el violado también poseería derecho a defenderse o atacar a su violador, y de este modo, las relaciones sociales se reducirían a la supervivencia del más fuerte. Concluyendo este punto, en una sociedad relativista el sentir placer sería tan frecuente como el sentir dolor, y absolutamente nadie, ni siquiera un relativista podría disfrutar de su vida. En otras palabras: relativista que construye su sociedad relativista, construye su propio dolor. Y espero que ningún relativista me venga a decir: “…este… bueno… es que yo disfruto sufriendo”, pues caería en una contradicción lógica.

Otro punto que es importante señalar guarda mucha relación con el punto anterior. Una vez comprendido que sin criterios morales absolutos la convivencia feliz entre las personas se aboliría, debemos pensar, además, en qué pasaría con la enseñanza de estos criterios, y con la sabiduría en general. Platón nos dice (con cierta ironía), que si cuando a uno algo le parece verdadero, esto ya es verdadero, no sé qué privilegio tiene Protágoras “para creerse con derecho para enseñar a los demás y para poner sus lecciones a tan alto precio. Y nosotros, si fuéramos a su escuela ¿no seríamos unos necios, puesto que cada uno tiene en sí mismo la medida de su sabiduría? […] ¿no es una insigne extravagancia querer examinar y refutar mutuamente nuestras ideas y opiniones, mientras que todas ellas son verdaderas para cada uno, si la verdad es como la define Protágoras?” Basados en lo que nos muestra Platón, en una sociedad relativista deberían abolirse las escuelas, y si esto pasara, volveríamos a nuestro más primitivo estado, la evolución en todo sentido se detendría para luego transormarse en una involución. Todo importante avance científico y filosófico adquiriría el mismo valor de la paja molida.

Volviendo nuevamente al ámbito teórico, seguramente nos habremos dado cuenta que del relativismo se desprende un montón de afirmaciones objetivas, y se vislumbra nuevamente la paradoja relativista. Y una vez que el relativismo ha sido reducido al absurdo, y se han anticipado sus consecuencias ¿no es sabio luchar contra él en cada momento que se nos presente la oportunidad?


Crítica al Relativismo (Parte 1: Argumentos lógicos)

noviembre 7, 2007

Platón

Tras ver el significantísimo negativo impacto del relativismo en la sociedad, me he dispuesto a criticar dicha filosofía. La crítica consistirá en dos partes: los argumentos lógicos (parte 1) y los argumentos éticos (parte 2), y quizás más adelante profundize un poco más. Vamos a continuación con la primera parte.

Antes que todo, es necesario que definamos los conceptos que son imprescindibles para el entendimiento de este artículo. Veamos primero qué es el relativismo, y qué es el objetivismo (tesis que yo defiendo).

Relativismo: Tesis filosófica que afirma que existen tantas verdades como seres cognoscentes crean estar en la verdad. La verdad depende de factores físicos, psicológicos o culturales que influyen en los juicios que las personas se hacen sobre la realidad.

Fijémonos en las siguientes premisas: 

a) Juan dice: Las cosas caen para abajo.

b) Pedro dice: Las cosas caen para arriba.

Según el relativismo, tanto Pedro como Juan dicen la verdad.

Objetivismo: Tesis filosófica que afirma que la verdad es una sola para todos los individuos racionales y no depende de ningún factor físico, psicológico o cultural de las personas que la piensan.

En el caso de las premisas arriba mostradas, el objetivismo afirma que sólo uno de ellos tiene la verdad.

 Veamos ahora seguramente el contraargumento de más peso del relativismo.

 La contradicción del relativismo.

“Todo es relativo”. ¿No es esta, acaso, una premisa objetiva? La famosa frase, con la cual Protágoras explica el relativismo: “El hombre es la medida de todas las cosas” ¿No es ésta, también, una premisa objetiva?

Sucede que el relativismo se fundamenta en una serie de premisas objetivas. Y si argumentando con premisas objetivas sostenemos la tesis que dice “nada es objetivo”, tendríamos luego que aceptar que nuestra argumentación no fué confiable, osea el relativismo se contradice. Es como una serpiente que devora su propia cola.

Fijémonos en las siguientes proposiciones:

a) “El relativismo es verdadero.”

b) “El relativismo es falso.”

Si el relativismo fuera cierto, también sería cierta la tesis contraria, luego el relativismo es falso. Dice Platón por boca de Sócrates: “…he aquí lo más gracioso. Protágoras, reconociendo que lo que parece a cada uno es verdadero, concede que la opinión de los que contradicen a la suya, y a causa de la que creen ellos que él se engaña, es verdadera […] Luego conviene en que su opinión es falsa, puesto que reconoce y tiene por verdadera la opinión de los que creen que él está en el error […] Los otros, a su vez, no convienen ni confiesan que se engañan […] Está pues obligado a tener también esta misma opinión por verdadera, conforme a su sistema […] Así, puesto que es combatida por todo el mundo la verdad de Protágoras, no es verdadera para nadie, ni para él mismo…”.

Conforme al principio lógico de no-contradicción (“a” no puede ser lo mismo que “no a”), un árbol no puede existir y al mismo tiempo no existir. Esto demuestra que el relativismo esconde una enorme falla lógica.