Crítica al Relativismo (Parte 2: Argumentos éticos)

Me defino, por sobre todas las demás cosas, un tipo moralista. Lo que más me importa, mi mayor prioridad, es lograr una adecuada convivencia entre las personas (incluya el término personas a todo ser que posea intereses). Es por esto, que, como dije en la parte 1, lo que me llevó a criticar al relativismo es la ética, no el resto de áreas del saber, pues discutir sobre si existe o no dios, no es tan importante como discutir sobre si se debe asesinar o no. Pero como la afirmación “el hombre es la medida de todas las cosas” abarca, obviamente, a todas las cosas, incluída la ética, debí inmiscuirme en el área puramente teórica. Y una vez destruida el área teórica del relativismo (y aunque con eso basta), debemos enfatizar en la incapacidad práctica del mismo, de este modo los lectores, al visualizar la caótica sociedad relativista, creo que se sentirán impulsados a luchar contra ella. Entonces… ¡Bienvenidos, entrad al terrible mundo relativista!

Teóricamente inconsistente y prácticamente desastroso.

Según el relativismo, no existen el bien y el mal absolutos. Esto es, hasta cierto punto, cierto, si consideramos que una enfermedad es buena para el médico (obviamente, siempre y cuando no lo afecte a él), y mala para el enfermo que la padece junto con sus familiares. Tal planteamiento invita a preguntarnos: ¿Es ético que inyecte bacterias en alguien para proporcionarle un bien al médico que lo curará, o intentará curarlo? Si bien es cierto que realizar tal acto implicaría un bien para el uno y un mal para el otro, para resolver este dilema debemos acudir a la evaluación de intereses. Debemos preguntarnos ¿Qué interés es mayor? ¿El del médico por ganar dinero, o el del enfermo por vivir? En la mayoría de casos, el interés del enfermo opaca al interés del médico. Entonces, una vez identificado el interés mayor, podemos decir que el acto “malo” es el que no conduce a la satisfacción del mayor interés, y “bueno”, el acto que conduce a la satisfacción del mayor interés. Y ese cálculo se puede realizar con bastante objetividad.

Ahora, teniendo en cuenta que los relativistas pasan por encima de todas las verdades objetivas ¿Qué sucedería en una sociedad en la cual no existan criterios unificadores sobre lo bueno y lo malo? Significaría caos absoluto. Siendo consecuentes con el relativismo, toda ley que castigue a un malhechor debería ser suprimida, pues para cada malhechor su delito es para él mismo “bueno”. Entonces, el violador poseería absoluto derecho para violar cuantas veces quisiera, y lo mismo ocurriría con el asesino, el ladrón, el destructor del ecosistema, etcétera, etcétera, etcétera. Pero así como el violador poseería derecho para violar, el violado también poseería derecho a defenderse o atacar a su violador, y de este modo, las relaciones sociales se reducirían a la supervivencia del más fuerte. Concluyendo este punto, en una sociedad relativista el sentir placer sería tan frecuente como el sentir dolor, y absolutamente nadie, ni siquiera un relativista podría disfrutar de su vida. En otras palabras: relativista que construye su sociedad relativista, construye su propio dolor. Y espero que ningún relativista me venga a decir: “…este… bueno… es que yo disfruto sufriendo”, pues caería en una contradicción lógica.

Otro punto que es importante señalar guarda mucha relación con el punto anterior. Una vez comprendido que sin criterios morales absolutos la convivencia feliz entre las personas se aboliría, debemos pensar, además, en qué pasaría con la enseñanza de estos criterios, y con la sabiduría en general. Platón nos dice (con cierta ironía), que si cuando a uno algo le parece verdadero, esto ya es verdadero, no sé qué privilegio tiene Protágoras “para creerse con derecho para enseñar a los demás y para poner sus lecciones a tan alto precio. Y nosotros, si fuéramos a su escuela ¿no seríamos unos necios, puesto que cada uno tiene en sí mismo la medida de su sabiduría? […] ¿no es una insigne extravagancia querer examinar y refutar mutuamente nuestras ideas y opiniones, mientras que todas ellas son verdaderas para cada uno, si la verdad es como la define Protágoras?” Basados en lo que nos muestra Platón, en una sociedad relativista deberían abolirse las escuelas, y si esto pasara, volveríamos a nuestro más primitivo estado, la evolución en todo sentido se detendría para luego transormarse en una involución. Todo importante avance científico y filosófico adquiriría el mismo valor de la paja molida.

Volviendo nuevamente al ámbito teórico, seguramente nos habremos dado cuenta que del relativismo se desprende un montón de afirmaciones objetivas, y se vislumbra nuevamente la paradoja relativista. Y una vez que el relativismo ha sido reducido al absurdo, y se han anticipado sus consecuencias ¿no es sabio luchar contra él en cada momento que se nos presente la oportunidad?

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One Response to Crítica al Relativismo (Parte 2: Argumentos éticos)

  1. Entepensante dice:

    Me parece muy bien, si no excelente, que critiques al relativismo y muestres razones lógicas de su falsedad y equivocación, más aún en estos tiempos en que predomina el EGOÍSMO más absoluto (“si algo me gusta a mí, es bueno. Si no me gusta, es malo”).
    Saludos a todos.

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