Escribiré a continuación un comentario sobre un razonamiento empleado por el filósofo español José Ramón Ayllón en su libro Ética razonada. Ayllón realiza una defensa de la fe (*), refiriéndose indirectamente a ésta como una exigencia racional. Yo, por el contrario, considero que la fe es un elemento absurdo, irracional y dañino.
A continuación pego el extracto del libro en que Ayllón argumenta:
“¿Puede tener certeza quien cree? Sabemos que la certeza nace de la evidencia. ¿Qué evidencia se le ofrece al que cree? Sólo una: la de la credibilidad del testigo. El que no ha estado en América cree en los que sí han estado y atestiguan su existencia. El que nunca ha visto a Hitler cree a los que sí lo vieron. Y antes que Hitler, Napoleón, el Cid o Nerón. En todos estos casos es evidente la credibilidad de los testigos. Y entre esos casos debemos incluir los que dan origen a algunas creencias religiosas. Por eso, la fe -creer el testimonio de alguien- es una exigencia racional, y su exclusión es una reducción arbitraria de las posibilidades humanas.”
Me parece que Ayllón hace uso de una falacia de falsa analogía. Se razona de la siguiente forma: usted cree en la existencia de América solamente porque alguien le contó que estuvo allí, pese a que nunca ha comprobado dicha existencia personalmente; así que, del mismo modo, debería creer en lo narrado en mi libro sagrado (como milagros y cosas por el estilo) porque los autores del libro le atestiguan tales cosas.
Este razonamiento me parece errado porque nos llevaría a concluir que debemos creer todo lo que nos dicen. Y evidentemente no debemos creer todo lo que nos dicen.
En el razonamiento de Ayllón se olvidan dos grandes diferencias que existen en ambos casos: el nivel de credibilidad del testigo y el nivel de credibilidad de las proposiciones afirmadas por éste. Por ejemplo, si yo soy un conocido mentiroso y siempre le hablo cosas dudosas y muchas veces completamente erradas a la gente, nadie debería creerme. Puedo hacer analogía con esto refiriéndome a la enorme cantidad de falsedades míticas que la biblia (el libro sagrado) contiene, y a la relativa ignorancia que los escritores de ella poseen. Estos hechos hacen que no poseamos los suficientes motivos para confiar en ella, y por lo tanto, para no creer en una creencia religiosa basada en ella.
La segunda diferencia, como dijimos, es el nivel de credibilidad de las proposiciones afirmadas. ¿Me creería usted si le dijera que tengo un unicornio en mi casa? Seguramente que no. Esto nos hace ver que para creer en la veracidad de una proposición afirmada por alguien tenemos que asegurarnos de que ésta sea verosímil. Sería distinto si yo le dijera que tengo un perro en mi casa; en este caso no habría problema. En el caso de la biblia, los apóstoles nos dicen que una virgen dió a luz, que Jesús resucitó y sanó gente milagrosamente, etc.
De esta forma, concluyo que la fe no es una exigencia racional. Sino que creer cosas refutadas por la ciencia o cosas de las cuales no existe evidencia alguna es un error estúpido, nos las diga cualquier ente. Porsupuesto que creer ciega y obstinadamente en cosas con tales características afecta a nuestro pensamiento racional y cuerdo, afecta al pensamiento crítico de nuestros niños, afecta a los avances científicos, etc. Es por esto que creo firmemente que debemos hacer todo lo posible por acabar con eso que se llama fe.
(*) La palabra fe es definida por el mismo autor del libro como “la creencia en lo que alguien dice, [...] y en el caso de la fe cristiana, se cree a Jesucristo y a las personas que nos han transmitido su vida y sus palabras. ” Porsupuesto que se creen las cosas narradas en toda la biblia (al igual que en los demás libros sagrados), no exclusivamente las pertenecientes al nuevo testamento.